—¿Aló?
—contestó somnoliento y molesto— ¡Aló! ¿A quién se le ocurre llamar a esta
hora? ¿Aló?
—¡Aló! ¡Aló…! —contestó una voz asustada— ¿Papá? ¿papá? ¿eres tú?
—¿Papá? Este está cojudo —inmediatamente pensó que se trataba de una llamada hecha por estafadores—. Oye no jodas y deja dormir antes de que rastree tu número y lo lance a la policía. No sabes con quién te metes.
—¡Papá, no! —dijo la voz ahogada en pánico— Soy yo, ¡nos quieren matar! Avísale a la policía ahora por favor...
—¡Carajo! Vete a estafar a otro… ¡Mierda! —tres disparos y un breve gemido al otro lado de la línea lo dejaron paralizado. Escuchó unas voces riendo. El miedo lo invadió. Colgó.
—¡Aló! ¡Aló…! —contestó una voz asustada— ¿Papá? ¿papá? ¿eres tú?
—¿Papá? Este está cojudo —inmediatamente pensó que se trataba de una llamada hecha por estafadores—. Oye no jodas y deja dormir antes de que rastree tu número y lo lance a la policía. No sabes con quién te metes.
—¡Papá, no! —dijo la voz ahogada en pánico— Soy yo, ¡nos quieren matar! Avísale a la policía ahora por favor...
—¡Carajo! Vete a estafar a otro… ¡Mierda! —tres disparos y un breve gemido al otro lado de la línea lo dejaron paralizado. Escuchó unas voces riendo. El miedo lo invadió. Colgó.
Su cuerpo comenzó a
temblar. ¿A quién se le ocurre hacer este tipo de bromas a las... —miró el reloj en la pared— 3:33 de la
madrugada? Miró por la ventana, cerró las cortinas y se
aseguró de que la puerta esté bien cerrada y su seguridad personal en el
jardín. Desconectó el teléfono, dejó la luz encendida de la sala y regresó a la
cama.
—¿Quién era?
—preguntó su mujer.
—Un estúpido bromista. Me decía que lo querían matar y que yo era su papá... Ah no, —sonrió— que nos querían matar a los dos.
—¿A ti y a mí?
—No, a mí y a mi hijo.
—Jajajajaja, ¡qué idiotas! Con lo difícil que te pones cada vez que te digo que ya es tiempo de encargar a la cigüeña…
—¿Ya comenzamos mi amor? Llevamos dos meses de casados, tenemos que disfrutar nuestro ratito de soledad, de ahí ya tendremos miles de hijos. Ahora aprovechemos el buen rato. Te has amarrado con el nuevo amo y señor de la segunda corporación más grande del país. Además, mi viejo me ha dado el adelanto de la herencia y soy el esposo de la modelo más hermosa del mundo. ¡Carajo, déjame gozar el momento! –la abrazó.
—Jajajajaja, eres un tonto, Joaquín. Ya duérmete que tienes que ir temprano a recoger a tu padre al aeropuerto para que de una vez vayan a firmar los papeles de la empresa, y de esa herencia, que sin eso, solo te queda la mujer más hermosa del mundo, y que, por cierto, es muy cara de mantener.
—Un estúpido bromista. Me decía que lo querían matar y que yo era su papá... Ah no, —sonrió— que nos querían matar a los dos.
—¿A ti y a mí?
—No, a mí y a mi hijo.
—Jajajajaja, ¡qué idiotas! Con lo difícil que te pones cada vez que te digo que ya es tiempo de encargar a la cigüeña…
—¿Ya comenzamos mi amor? Llevamos dos meses de casados, tenemos que disfrutar nuestro ratito de soledad, de ahí ya tendremos miles de hijos. Ahora aprovechemos el buen rato. Te has amarrado con el nuevo amo y señor de la segunda corporación más grande del país. Además, mi viejo me ha dado el adelanto de la herencia y soy el esposo de la modelo más hermosa del mundo. ¡Carajo, déjame gozar el momento! –la abrazó.
—Jajajajaja, eres un tonto, Joaquín. Ya duérmete que tienes que ir temprano a recoger a tu padre al aeropuerto para que de una vez vayan a firmar los papeles de la empresa, y de esa herencia, que sin eso, solo te queda la mujer más hermosa del mundo, y que, por cierto, es muy cara de mantener.
*******
Muchas horas después, una elegante cena junto a algunos amigos, alegraba la mansión de la joven pareja. Don Aurelio Gómez-Sánchez le había dado todo el poder de sus empresas a su único hijo, además del adelanto de herencia para que disfrute de una vida acorde a sus nuevas responsabilidades. Su bella nuera —una bellísima modelo extranjera que llegó al país hace solo medio año y que inmediatamente conquistó las pasarelas y el corazón de su heredero— no ahorraba en atenciones con el anciano que, de vez en cuando y de manera muy evidente, perdía su mirada en ese impresionante escote.
—Papá, ¿qué miras?
—dijo ella sonriendo.
—El buen gusto de mi hijo con las mujeres. Eso también lo heredó.
—¡Cómo habrá hecho renegar a la pobre madre de Joaquín!
—Mi Nora fue el mejor trabajo hecho por Dios, por eso también me la quitó tan pronto, y también por eso nunca nadie ocupó su lugar. Bueno, al menos en mi corazón, porque en mi cama… jajajajaja.
—Ay las cosas que dice papá, ¿no quiere otro poco de ponche preparado especialmente por mí?
—Claro hija, ya voy cuatro. Lléname el vaso, que quiero ir un rato arriba a descansar. Un viejo lobo ya no aguanta los aviones y las fiestas, mucho menos si son para que los tiburones le chupen las medias a mi hijo y no a mí. —Bebió todo de un sorbo y subió al dormitorio de visitas. La reunión continuó.
—El buen gusto de mi hijo con las mujeres. Eso también lo heredó.
—¡Cómo habrá hecho renegar a la pobre madre de Joaquín!
—Mi Nora fue el mejor trabajo hecho por Dios, por eso también me la quitó tan pronto, y también por eso nunca nadie ocupó su lugar. Bueno, al menos en mi corazón, porque en mi cama… jajajajaja.
—Ay las cosas que dice papá, ¿no quiere otro poco de ponche preparado especialmente por mí?
—Claro hija, ya voy cuatro. Lléname el vaso, que quiero ir un rato arriba a descansar. Un viejo lobo ya no aguanta los aviones y las fiestas, mucho menos si son para que los tiburones le chupen las medias a mi hijo y no a mí. —Bebió todo de un sorbo y subió al dormitorio de visitas. La reunión continuó.
—Señor Joaquín
tiene una llamada, la persona no se quiso identificar —le dijo al oído uno
de los mozos contratados para la celebración, interrumpiendo su divertida
charla con los gerentes del consorcio.
—Gracias. Ya vuelvo. Por favor que esas copas no estén vacías ni un segundo.
—Gracias. Ya vuelvo. Por favor que esas copas no estén vacías ni un segundo.
Entró a su
biblioteca, cerró la puerta, tomó la llamada y se desmayó. A las dos horas, la
gran casona había reemplazado los invitados por decenas de policías que
trataban de averiguar el paradero de Joaquín Gómez-Sánchez. Su bella esposa
lloraba al lado del preocupado patriarca. Extrañamente, las cámaras de
seguridad de la mansión nunca estuvieron prendidas en todo el día. Solo quedaba
esperar alguna llamada, ya sea de un secuestrador, o de un ebrio Joaquín que
solo quiso salir a comprar “algo” para alegrar más su noche.
*******
Abrió los ojos. Tenía
frente a él a dos siluetas dibujadas por la luz de un foco de baja potencia. No
estaba atado, pero se sentía tan mareado, que si movía un músculo el mundo
entero se le venía encima. Entró una tercera persona a la habitación, miró al
débil hombre sentado sobre una vieja silla y empezó a aplaudir.
—¡Bravo! ¡Bravo!
Felicitaciones al nuevo magnate. Al hombre más afortunado del mundo.
—¿Quién eres? ¿Qué es lo que quieres? –dijo Joaquín tratando de reunir fuerzas para no mostrarse asustado.
—¿Que quién soy? —respondió la sombra sarcásticamente— Pues solo soy un peón. Alguien que recibió dinero para que mueras.
—Tengo mucho dinero, lo que te pagaron lo triplico. —gritó, temiendo lo peor.
—Jajajaja. No tienes ni idea de por qué estás acá. Te cuento que no solo tú morirás hoy, también tu papá.
—P… pero ¿por qué…? —al decir esto, el químico que le inyectaron volvió a surgir efecto y se volvió a desmayar.
—Creo que se les pasó la mano, quería entretenerme un rato con él. Decirle quién había pagado por su cabeza, ver su cara de sorpresa y ¡pam! acabarlo ahí mismo. Saca el whisky, ya me daré el gusto cuando despierte.
—¿Quién eres? ¿Qué es lo que quieres? –dijo Joaquín tratando de reunir fuerzas para no mostrarse asustado.
—¿Que quién soy? —respondió la sombra sarcásticamente— Pues solo soy un peón. Alguien que recibió dinero para que mueras.
—Tengo mucho dinero, lo que te pagaron lo triplico. —gritó, temiendo lo peor.
—Jajajaja. No tienes ni idea de por qué estás acá. Te cuento que no solo tú morirás hoy, también tu papá.
—P… pero ¿por qué…? —al decir esto, el químico que le inyectaron volvió a surgir efecto y se volvió a desmayar.
—Creo que se les pasó la mano, quería entretenerme un rato con él. Decirle quién había pagado por su cabeza, ver su cara de sorpresa y ¡pam! acabarlo ahí mismo. Saca el whisky, ya me daré el gusto cuando despierte.
Los sujetos
abandonaron el cuarto. A la media hora volvió en sí. Escucho las risas de
los tres hombres en la habitación contigua. Se puso de pie y trató de recobrar
la estabilidad. Sabía que iba a morir, así que no le quedaba otra que tratar de
huir a como dé lugar. Cogió una barra de metal del suelo y apeló a recordar las
clases de karate que llevó por años obligado por su padre. Desentornilló el
foco, se apostó detrás de la puerta y dio un grito con todas sus fuerzas para
llamar la atención de sus captores. Ellos irrumpieron con armas en la mano.
Aprovechó la oscuridad y golpeó a cada uno dejándolos inconscientes en el
suelo.
—¡Putamadre
funcionó!
Buscó la puerta y
salió a la calle. Era un callejón oscuro que apestaba a muerte. Corrió sin
mirar atrás. Vio a lo lejos la luz de una tienda. Al llegar, esta estaba
cerrada, pero dentro de su reja tenía un teléfono público abrazado por correas
de metal. Buscó en sus bolsillos, en su sencillera secreta, encontró algunas
monedas. Los perros comenzaron a ladrar. Metió las monedas, marcó al teléfono
de casa. Comenzó a timbrar. Vio la hora en la pantalla, eran las 3:33 hrs.
Alguien contestó.
—¿Aló? ¿Aló? ¿A
quién se le ocurre llamar a esta hora? ¿Aló?
—¡Aló!, ¡aló…! ¿Papá? ¿papá? ¿eres tú? —pensó que por los nervios había marcado mal, pero no, era el número.
—¿Papá? Este está cojudo. Oye no jodas y deja dormir antes de que rastree tu número y lo lance a la policía. No sabes con quién te metes —contestó molesta la voz al otro lado de la línea.
—¡Papá, no! —volteó la mirada y vio a los tres hombres acercándose pistola en mano— soy yo, ¡nos quieren matar! Avísale a la policía ahora por favor...
—¡Carajo! Vete a estafar a otro…
—¡Aló!, ¡aló…! ¿Papá? ¿papá? ¿eres tú? —pensó que por los nervios había marcado mal, pero no, era el número.
—¿Papá? Este está cojudo. Oye no jodas y deja dormir antes de que rastree tu número y lo lance a la policía. No sabes con quién te metes —contestó molesta la voz al otro lado de la línea.
—¡Papá, no! —volteó la mirada y vio a los tres hombres acercándose pistola en mano— soy yo, ¡nos quieren matar! Avísale a la policía ahora por favor...
—¡Carajo! Vete a estafar a otro…
Los tres hombres se
pararon detrás del heredero. Él volteó a verlos. Con los ojos llorosos les
preguntaba el por qué. Ellos sonrieron y le dispararon en la cabeza, un tiro
cada uno.
—Jajajajaja… pobre
idiota. El trabajo está hecho —dijo el que parecía ser el líder de los
asesinos.
—Pero falta el
viejo —dijo otro.
—Nada, a esta hora
ya debe haber estirado la pata. Según me cuenta, se tomó varios vasos de ponche
con Xelaocaina, eso, más la preocupación, ha tenido que provocarle un infarto
fulminante…
—Jajajaja, esa hembra es un genio. Oye, ¿no sientes como que esto ya lo
hemos vivido antes?



