Luego de dar mi aporte en aquel concierto poseído por todo ese rock n’ roll que se respiraba en la casona, bajé a buscar algo de beber. Las cabelleras largas, las guitarras, bongós, botellas y el descontrol me secuestraron. Me encontré con algunos ídolos de mi pubertad musical que me invitaron a perderme en el delirio de la noche, víspera de la boda. Los instrumentos pasaban de mano en mano, al igual que las cervezas, la hierba y sobretodo la locura, esa que habitaba en los backstages de Guns n' Roses, los Stones, Woodstock, y de algunos que estaban compartiendo armonías infernales conmigo.
La música cesó, o simplemente cayó de rodillas ante tal espectáculo que entró por la puerta principal, botella de tequila en mano y con un escote que petrificaban a cualquiera como los ojos de Medusa; hizo explotar la noche con un simple:“Hola, ya estoy aquí”. No era una estrella de rock o algo parecido, pero su sola presencia dominaba a cualquier público, incluyendo a algunos dinosaurios de los escenarios ahí presentes, todos la conocían, se llamaba Alma.
No sé cómo pasó, medía hora después Alma me besaba, solo me besaba, inyectó el veneno y luego me ignoró, así de simple, sin grandes detalles, me besó, su lengua se paseó en mi interior y luego la sacó, y se la llevó sin decir adiós. Yo quería más, pero las malas mezclas habían anudado mis piernas, además mi enamorada despertó un minuto después (sí, uffff) y me llevó a jalones a la habitación. Dormí y soñé con Alma.
A la mañana siguiente, todos habían mágicamente resucitado y vestían sus más coloridas galas en la ceremonia, mis ojos no paraban de recorrer las carreteras de Alma, claro, debajo de mis gafas negras, no quería tener un aparatoso accidente estrellado contra los celos de mi enamorada. La boda terminó y la fiesta continuó. Prometí sacarme de la cabeza a Alma y divertirme con mi enamorada, no sé si era cargo de conciencia o la resaca. Y sí, nos divertimos.
A las 8 de la noche, lo recuerdo bien, 8 y diez, mi enamorada, ya con muchos tragos de más me dice que se retiraba a la habitación, que me esperaba en 15 minutos. La idea no me gustó, la fiesta estaba en lo mejor y había logrado ignorar la presencia de Alma. Fue cuando ella, Alma, volvió a aparecer, pero saliendo de los labios de mi enamorada, cuando completó la frase: “…te espero en 15 minutos y si puedes lleva a tu amiguita, la del buen escote”. Un beso y una sonrisa traviesa completaron la sentencia de muerte a todo lo que creía posible, con respecto al sexo con mi angelical y casi virginal enamorada; ella me estaba proponiendo tener un trío con Alma, increíble.
Me tomé unos instantes para analizar palabra por palabra, gesto por gesto y claro sorbo a sorbo, y no había duda, esa iba a ser mi noche, mi noche de rockstar. Aún sentado en el sillón celebrando mi buena suerte, unos largos cabellos negros cayeron sobre mi rostro y unas gotas de cerveza salpicaron mi incrédula mirada, Alma con un silencioso y sensual “salud” vació el vaso que llevaba dentro de mi boca, y yo lo bebía como si fuera un preámbulo de la batalla que nos esperaba, tenía sed de ella, sed de oírla morir y resucitar una y otra vez, la cerveza helada no podía calmar el infierno que emergía desde mis piernas y explotaba en mis ojos. Ella sonreía, yo la deseaba cada trago más y más.
Desperté al atardecer, en las escaleras de la casona. No supe qué había sucedido. Un fuerte dolor en la cabeza hacía más difícil descifrar los recuerdos que caían a cuentagotas. Me acordé de mi enamorada y subí hacia la habitación, ella ya no estaba. Un mensaje en mi celular, me decía que ella ya no quería nada conmigo y que nunca más la llamara. Recordé la inusual propuesta, pero no recordaba el después, ¿le habré hecho daño? ¿Se arrepintió y yo me fui con Alma? ¿Quizá entendí mal y ella no quería un trío? Demonios, no supe que había pasado. Cogí mi mochila y me largué y no me despedí de los escombros.
Ella nunca volvió a contestar su teléfono, tiempo después me enteré que ya no vivía en el mismo departamento, no la pude olvidar lo confieso, y no me podía perdonar haberle hecho tanto daño con mi inmadura actitud, por creerme un rockstar.
Una noche solitaria, me fui a beber una cerveza, me encontré con aquel novio rockero de aquella "estrambótica boda" celebrando su feliz divorcio, me invitó unas cervezas. Sin más preámbulos le pregunté qué hice aquella noche que perdí al amor de mi vida por culpa de tanta estupidez. Él se rió, como nunca lo hizo ni lo haría en su vida, me dijo que simplemente nunca subí a la habitación, que quedé dormido en las escaleras a los 10 minutos que mi enamorada había subido. No lo podía creer, mucho menos entender, hasta que remató diciéndome: “Pero déjala, ahora ella es feliz, la vi hace poco, me la encontré, fui a visitar a unas amistades y ella estaba viviendo ahí con su nueva pareja, y está feliz”.
La verdad, su felicidad me dolía. Mordí la almohada del orgullo y pregunté con quién mierda estaba. Él secó su vaso, lo depositó en la mesa y respondió con calma: “Con quién sí subió a su cuarto, y te la robó aquella noche, con Alma”.
La música cesó, o simplemente cayó de rodillas ante tal espectáculo que entró por la puerta principal, botella de tequila en mano y con un escote que petrificaban a cualquiera como los ojos de Medusa; hizo explotar la noche con un simple:“Hola, ya estoy aquí”. No era una estrella de rock o algo parecido, pero su sola presencia dominaba a cualquier público, incluyendo a algunos dinosaurios de los escenarios ahí presentes, todos la conocían, se llamaba Alma.
No sé cómo pasó, medía hora después Alma me besaba, solo me besaba, inyectó el veneno y luego me ignoró, así de simple, sin grandes detalles, me besó, su lengua se paseó en mi interior y luego la sacó, y se la llevó sin decir adiós. Yo quería más, pero las malas mezclas habían anudado mis piernas, además mi enamorada despertó un minuto después (sí, uffff) y me llevó a jalones a la habitación. Dormí y soñé con Alma.
A la mañana siguiente, todos habían mágicamente resucitado y vestían sus más coloridas galas en la ceremonia, mis ojos no paraban de recorrer las carreteras de Alma, claro, debajo de mis gafas negras, no quería tener un aparatoso accidente estrellado contra los celos de mi enamorada. La boda terminó y la fiesta continuó. Prometí sacarme de la cabeza a Alma y divertirme con mi enamorada, no sé si era cargo de conciencia o la resaca. Y sí, nos divertimos.
A las 8 de la noche, lo recuerdo bien, 8 y diez, mi enamorada, ya con muchos tragos de más me dice que se retiraba a la habitación, que me esperaba en 15 minutos. La idea no me gustó, la fiesta estaba en lo mejor y había logrado ignorar la presencia de Alma. Fue cuando ella, Alma, volvió a aparecer, pero saliendo de los labios de mi enamorada, cuando completó la frase: “…te espero en 15 minutos y si puedes lleva a tu amiguita, la del buen escote”. Un beso y una sonrisa traviesa completaron la sentencia de muerte a todo lo que creía posible, con respecto al sexo con mi angelical y casi virginal enamorada; ella me estaba proponiendo tener un trío con Alma, increíble.
Me tomé unos instantes para analizar palabra por palabra, gesto por gesto y claro sorbo a sorbo, y no había duda, esa iba a ser mi noche, mi noche de rockstar. Aún sentado en el sillón celebrando mi buena suerte, unos largos cabellos negros cayeron sobre mi rostro y unas gotas de cerveza salpicaron mi incrédula mirada, Alma con un silencioso y sensual “salud” vació el vaso que llevaba dentro de mi boca, y yo lo bebía como si fuera un preámbulo de la batalla que nos esperaba, tenía sed de ella, sed de oírla morir y resucitar una y otra vez, la cerveza helada no podía calmar el infierno que emergía desde mis piernas y explotaba en mis ojos. Ella sonreía, yo la deseaba cada trago más y más.
Desperté al atardecer, en las escaleras de la casona. No supe qué había sucedido. Un fuerte dolor en la cabeza hacía más difícil descifrar los recuerdos que caían a cuentagotas. Me acordé de mi enamorada y subí hacia la habitación, ella ya no estaba. Un mensaje en mi celular, me decía que ella ya no quería nada conmigo y que nunca más la llamara. Recordé la inusual propuesta, pero no recordaba el después, ¿le habré hecho daño? ¿Se arrepintió y yo me fui con Alma? ¿Quizá entendí mal y ella no quería un trío? Demonios, no supe que había pasado. Cogí mi mochila y me largué y no me despedí de los escombros.
Ella nunca volvió a contestar su teléfono, tiempo después me enteré que ya no vivía en el mismo departamento, no la pude olvidar lo confieso, y no me podía perdonar haberle hecho tanto daño con mi inmadura actitud, por creerme un rockstar.
Una noche solitaria, me fui a beber una cerveza, me encontré con aquel novio rockero de aquella "estrambótica boda" celebrando su feliz divorcio, me invitó unas cervezas. Sin más preámbulos le pregunté qué hice aquella noche que perdí al amor de mi vida por culpa de tanta estupidez. Él se rió, como nunca lo hizo ni lo haría en su vida, me dijo que simplemente nunca subí a la habitación, que quedé dormido en las escaleras a los 10 minutos que mi enamorada había subido. No lo podía creer, mucho menos entender, hasta que remató diciéndome: “Pero déjala, ahora ella es feliz, la vi hace poco, me la encontré, fui a visitar a unas amistades y ella estaba viviendo ahí con su nueva pareja, y está feliz”.
La verdad, su felicidad me dolía. Mordí la almohada del orgullo y pregunté con quién mierda estaba. Él secó su vaso, lo depositó en la mesa y respondió con calma: “Con quién sí subió a su cuarto, y te la robó aquella noche, con Alma”.